La transmisión automática, cada vez más común

Igual que los motores diésel han evolucionado hasta desbancar a los de gasolina, los cambios automáticos ofrecen ya una calidad de funcionamiento que deja obsoletas a las cajas manuales. Así, a sus ventajas de siempre —mayor facilidad y confort de conducción— se suman ahora argumentos adicionales: una electrónica evolucionada que interpreta al instante los deseos del conductor, y una tecnología a la última que ha reducido al mínimo el aumento del consumo y la pérdida de prestaciones que provocaban las cajas automatizadas, mejorando a la vez su rapidez.

Aunque el mercado español sigue siendo reacio, el ascenso parece imparable y cada vez hay más clientes que se inclinan por los modelos automáticos. Renault por ejemplo, ha pasado de vender un 2,4% de coches con estos cambios en 2010 a un 5% en 2013; Peugeot ha subido del 5,1% al 10,9% en el mismo periodo y Volkswagen (VW), una de las pioneras en ofrecer automáticos en casi todos sus modelos, ha llegado al 20% en 2013.

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La transmisión automática facilita la vida al conductor, y no solo por la mayor sencillez que proporciona al volante: impide que el coche se cale, también que se desplace hacia atrás en las cuestas, e incluso ayuda a alargar la vida de la mecánica, porque no se producen esfuerzos innecesarios, como los que provoca un mal uso del embrague en un coche manual. Pero también hay inconvenientes, como su mayor precio y las reparaciones de avería, que salen también más caras.

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La oferta actual es amplia, pero no todos los cambios automáticos son iguales, y algunos convencen más que otros. La mejor alternativa son las cajas de doble embrague, popularizadas por el grupo VW, que las denomina DSG. Combinan el confort de los automáticos clásicos con el mejor rendimiento de los manuales. Los automáticos con convertidor de par, que fueron los primeros, son los más extendidos. Pero, en este caso, la calidad es más dispar y conviene elegir los más avanzados: los de las marcas populares siguen penalizando prestaciones y consumos, aunque cada vez menos.

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Hay además otros dos tipos de cambios automáticos: manuales robotizados y CVT o de variador continuo. Los primeros representan la generación anterior a los de doble embrague y son en realidad un cambio manual automatizado. Funcionan bien, aunque resultan algo lentos y bruscos, y exigen la colaboración del conductor: es recomendable levantar el pie del acelerador y sincronizar su accionamiento con el del cambio para mejorar la suavidad. En contrapartida, son los más económicos: desde unos 800 euros. El grupo PSA (Peugeot y Citroën) ha evolucionado sus cajas robotizadas CMP, que han pasado a llamarse ETG y trabajan ahora con mayor rapidez y naturalidad.

Por último, están los CVT (desde unos 1.000 euros), habituales en los coches japoneses y similares a los de las motos escúter. Son muy eficientes y apenas elevan el consumo, pero tienen peculiaridades que reducen el agrado de uso. Al contrario de lo que sucede con los demás automáticos, no ofrecen una relación directa entre revoluciones y velocidad: cuando se acelera con decisión el motor sube primero hasta casi el tope de vueltas y se queda ahí, elevando el ruido, mientras el coche alcanza la velocidad deseada.

 

Fuente: El País.

 

Departamento de Comunicación de Clicktaller

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